¿QUÉ LUGAR OCUPAN TUS DATOS EN EL CONTEXTO EUROPEO DE INVESTIGACIÓN MARINA?

Por Belén Martín.

Cuando imaginamos a un científico, solemos pensar en un individuo con una bata blanca haciendo cálculos interminables o mirando por un microscopio. No es una imagen del todo falsa. La investigación requiere invertir muchos recursos y tiempo en conocer a fondo un tema, y la calidad de esta es juzgada, en gran medida, por su originalidad, por su capacidad de generar conocimiento nuevo. Cuando un científico se dedica a un tema, lo analiza desde todos los ángulos, llega todo lo lejos que puede con los medios a su alcance hasta que lo domina y para ello maneja un gran número de datos. No es posible hacer ciencia “desde lejos”: hay que acercarse a aquello que se quiere estudiar.

Sin embargo, en ocasiones conviene dar uno o varios pasos atrás para observar el paisaje que rodea al objeto de estudio, poner la investigación y los datos en perspectiva y comprender que estos pueden multiplicar su impacto si otros pueden acceder a ellos y reutilizarlos.

 

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Figura 1. Ilustración mostrando las múltiples plataformas de toma de datos que nos permiten estudiar el océano (ilustración de Glynn Gorick para la publicación “Global Ocean Observing System” de IOC, 2010).

Lamentablemente, no es habitual que a los científicos les hablen de este paisaje durante sus años de formación, y esto hace que encuentren pocos alicientes para aventurarse en él.

Es importante entender que todo lo que se puede hacer con los datos (recogerlos, procesarlos, controlar su calidad, analizarlos, publicarlos…) es posible porque existe una financiación. Las instituciones que proporcionan financiación para que esos datos existan son uno de los elementos fundamentales de ese “paisaje” o contexto del que hablamos. No cabe duda de que la financiación europea ha sido clave para dar soporte a gran parte de la investigación que se ha realizado en las últimas décadas. Nos centraremos ahora en ella. ¿Cómo podemos explicar cómo funciona el flujo de recursos desde las instituciones europeas hasta los científicos?

Para afrontar los problemas que estima importantes, la Unión Europea diseña estrategias en las identifica una serie de retos y define las leyes que proporcionarán el marco legal que finalmente permitirá implantar medidas concretas para abordarlos. Un ejemplo sería la Directiva Marco de la Estrategia Marina (2008) promovida desde la Dirección General del Medio Ambiente (DG ENV) de la Comisión Europea, que se creó por la necesidad de atender el reto social que exigía asegurar la conservación de un buen estado ambiental del medio marino. Esta Directiva contempla un programa de medidas que, como la propia Directiva indica, “solo serán eficaces si se basan en un conocimiento profundo del estado del medio marino”. Es decir, el propio texto de la Directiva reconoce que la investigación es fundamental para poder llevar adelante las medidas, y que esa investigación necesita ser debidamente financiada. La cosa se complica porque, así como el desarrollo de la Directiva es responsabilidad de una dirección general en particular (DG ENV), los instrumentos de financiación que la hacen posible (los fondos FEDER, el programa LIFE y el programa H2020, entre otros) son variados y no dependen exclusivamente de esta. Cada fondo y cada programa presentan sus propias normas de funcionamiento, estrategia y objetivos. Solo conociéndolos a fondo y conociendo el marco legal al que están dando apoyo es posible presentar una propuesta ganadora con la que obtener financiación para proyectos que los investigadores desarrollarán en el seno de sus centros de investigación, universidades, fundaciones, empresas, ONGs…

No solo a nivel europeo, sino a nivel internacional, nacional e incluso local, las instituciones más relevantes (las Naciones Unidas, los gobiernos de cada país y los ayuntamientos respectivamente) definen estrategias y objetivos, promulgan leyes y establecen programas para financiar los proyectos de los investigadores. El paisaje puede complicarse, y mucho, con la multiplicidad de iniciativas que funcionan a la vez y acaban por solaparse. Pero conocer el paisaje, aunque sea un paisaje intrincado, puede facilitar que los investigadores encuentren apoyo para sus líneas de investigación.

Todas las instituciones que sostienen la investigación tienen algo en común: quieren que los fondos se gasten de forma eficaz. Y uno de los problemas que se ha detectado es que los datos que se recogen, procesan y analizan para generar ese conocimiento son, en gran medida, invisibles para todos aquellos que no están directamente implicados en su manejo y, por tanto, no pueden volver a utilizarse ni generar más conocimiento. Los científicos no están entrenados para compartir (lo que ellos consideran que son) susdatos ni suelen plantearse que podrían tener usos múltiples. Es necesario un cambio de mentalidad que requerirá cierto tiempo, pero, entre tanto, se han desarrollado infraestructuras de datos y portales web que actúan como puerta de entrada a los cientos o miles de bases de datos marinos que están deslocalizadas en otros cientos o miles de servidores en toda Europa. Son los agregadores, un nuevo elemento de ese paisaje que cobra más y más importancia, y del que la red europea de datos y observaciones marinas, EMODnet (www.emodnet.eu), es uno de sus más conocidos representantes.

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Figura 2. Infográfico que ilustra las complejas relaciones que se establecen entre los agregadores y otros elementos del paisaje de datos marinos europeos. Modificado de EuroGOOS AISBL (2017).

De forma institucional son los bancos de datos marinos nacionales (que suelen existir, por ejemplo, en los institutos de oceanografía de cada país europeo) o las grandes series de datos que provienen de proyectos u otras iniciativas (por ejemplo, el observatorio oceanográfico RAIA, http://www.marnaraia.org) los que pueden alimentar iniciativas como EMODnet. Pero a escala más pequeña, individual, todos los investigadores pueden dar una serie de pequeños pasos, en la dirección de la adopción de los principios FAIR, por sus siglas en inglés Findable, Accesible, Interoperable and Reusable (Wilkinson, 2016). Según estos, los datos deberían poder ser encontrados fácilmente (haciendo una simple búsqueda por internet, por ejemplo), ser accesibles (que sea posible descargarlos), ser interoperables (interpretables desde cualquier máquina) y, por tanto, reutilizables.

Algunos de estos pasos, como utilizar un vocabulario y formato estándar o acompañar los datos con metadatos, facilita que puedan ser utilizados por otros usuarios sin necesidad de “traducción”). Además, los investigadores pueden dar un paso más y publicar los datos en repositorios multidisciplinares como Zenodo (www.zenodo.org). ¿Ventajas? Muchas. Por ejemplo, enviar los datos a un repositorio garantiza su preservación. Permitir que otros accedan a esos datos puede ahorrar el tiempo y los recursos que serían necesarios para medir lo mismo, y puede multiplicar el conocimiento generado al ser combinado con otras fuentes de datos. Además de la satisfacción de que el trabajo de investigación pueda seguir dando frutos, el investigador también puede recibir reconocimiento, ya que los datos depositados reciben un DOI (es decir, un digital object identifier, igual que sucede desde hace tiempo con los artículos científicos) que permite identificarlos de forma inequívoca y citarlos. En resumen, hay numerosas razones para animarse a ser una parte más visible del paisaje de datos marinos.

 

REFERENCIAS

EuroGOOS AISBL (2017). EU Copernicus Marine Service, Graphic Design by Visuality.eu.

European Commission (2008). Directive 2008/56/EC of the European Parliament and of the Council of 17 June 2008 establishing a framework for community action in the field of marine environmental policy (Marine Strategy Framework Directive).

IOC (2010). Global Ocean Observing System, 31 pp. Disponible en: http://www.goosocean.org/index.php?option=com_oe&task=viewDocumentRecord&docID=5488

Wilkinson et al. (2016). The FAIR Guiding Principles for scientific data management and stewardship. Sci Data. 2016 Mar 15;3:160018. doi: 10.1038/sdata.2016.18.

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