¿Cómo fueron nuestros bosques primigenios? La sorprendente sinfonía secreta (en cuatro movimientos) que guardaba la Ría de Vigo

Por Castor Muñoz Sobrino

En épocas de gran confusión, sazonadas de catástrofes, tribulaciones, políticas estratégicas y corrientes de opinión suscritas a interés variable, resulta tentador poder mirar atrás y tratar de retomar el origen de la senda. Así que…ahí va una pregunta simple y directa: ¿cómo cree que era la vegetación primigenia del entorno de la Ría de Vigo? Antes de organizar la jam session definitiva [¿quizá una fusión contemporánea que amalgame las elegías al tojo (toxo) con esos cantos de sirena que reniegan de los piñeiros de E. Pondal?] es mejor que nos detengamos a reconsiderar con calma el alcance de la pregunta. El concepto vegetación primigenia se refiere a aquella desarrollada en el territorio antes de que los ecosistemas terrestres empezasen a ser profundamente transformados, hace unos 6000 años, con la llegada de la ganadería y la agricultura.

Bajo estas premisas es razonable pensar que la mayoría de artistas invitados se decantarían por piezas (bosques ancestrales) más clásicas, dominadas por robles (carballos) y alcornoques (sobreiras), quizá sazonados aquí y allá con otras especies que tampoco resulten ajenas al público local: alisos (amieiros), sauces (salgueiros), fresnos (freixos), abedules (bidueiras), avellanos (avelairas), hayas (faias), acebos (acivreiras), tejos (teixos), brezos (breixos), etc. Además, es posible que unos cuantos dodecafonistas incomprendidos arriesgasen arremetiendo con disonancias más impactantes: encinas (enciñeiras), enebros (cimbros) y pinos (piñeiros), a pesar de ser bien conocido que tales rarezas nunca han agradado a parte de la audiencia. Pero seamos honestos: es inimaginable que algún espontáneo se arranque con una improvisación de carpe, un elemento musical (árbol) tan extraño por estos lares que ni siquiera existe un término local para referirse a él. Músicas aparte, lo cierto es que resulta que todas y cada una de estas interpretaciones acerca de la vegetación primigenia…¡podrían considerarse válidas!

Llegados a este punto, seguramente ya no le suene toda esta música. No es de extrañar. En primer lugar el libreto que contiene todas las respuestas es muy extenso, ya que abarca al menos los últimos 60 000 años. Además, hay que considerar que la partitura original (registro) que nos ocupa ha permanecido perdida en los archivos de la Ría de Vigo durante mucho tiempo (milenios). Solo ha sido redescubierta recientemente (García-Moreiras, 2017) y ha podido empezar a ser reinterpretada (Muñoz Sobrino et al., 2017). Finalmente hemos de entender que la pieza tiene una complejidad enorme, y que está llena de matices. Para ser capaces de interpretarla correctamente, apreciando toda su riqueza, deberíamos ser capaces de organizar una orquesta sinfónica enorme, perfectamente sincronizada, con todas las secciones (tipos de vegetación) ejecutando sus entradas en el orden y momentos precisos. Tranquilos. No va a ser necesario retomar el proyecto original del Auditorio Mar de Vigo. Sigue siendo una metáfora.

Empieza la función.

Preludio. El carpe (Carpinus betulus L.) es un árbol nemoral caducifolio común en Europa y Asia Menor (Fig. 1) del que apenas existen unas pocas poblaciones ibéricas, todas concentradas en el valle del Bidasoa (Navarra). Antes de la última glaciación era bastante común en el NO Ibérico, pero desde hace unos 60 000 mil años comenzó a decaer y desapareció. ¿Qué pasó? Puede que una especie mesófila como el carpe fuese incapaz de adaptarse a los climas extremos que afectaron a la Península hace unos 20 000 años, durante el último máximo glaciar (UMG). Pero lo mismo se decía de las hayas y los castaños,…hasta que empezaron a aparecer multitud de nuevos datos que indicaban todo lo contrario. El principal problema para desvelar el misterio del carpe es precisamente ese: ¿en dónde se podrían conseguir nuevos datos concluyentes?

 

Fig. 1. Distribución natural actual de Carpinus betulus L. en Europa Occidental y Asia Menor. © Figura modificada a partir de Muñoz Sobrino et al. (2017). Detalles de las hojas y los frutos del carpe. © C. Muñoz Sobrino.

 

Durante el último ciclo glaciar (hace entre 110 000-10 000 años) el nivel del mar osciló arriba y abajo, dependiendo de los diferentes pulsos climáticos. Pero siempre estuvo situado, al menos, a unas decenas de metros por debajo de su nivel medio actual. Así que muchos de los secretos de aquellas épocas quedaron almacenados (y preservados) en estratos que hoy están bajo el mar. Los sedimentos de la Ría de Vigo (Fig. 2) contienen pólenes de Carpinus en secuencias coherentes y datadas entre hace 60 000 y menos de 9000 años. En algunos puntos (y durante ciertos periodos) las concentraciones de estos pólenes son inusualmente elevadas, hasta el punto que han permitido obtener identificaciones completamente concluyentes a partir de imágenes de microscopia electrónica de barrido (Fig. 3).

 

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Fig. 2. Mapa general de la cuenca correspondiente a la Ría de Vigo, con su batimetría, la red fluvial actual, y la localización de los sedimentos estudiados. ©Figura modificada a partir de Muñoz Sobrino et al. (2017).

Así que los fondos de la Ría de Vigo nos han revelado una historia del carpe bastante diferente (y muchísimo más compleja) de la que se le presuponía. Toda una Sinfonía ecológica, interpretada en la Ría de Vigo,… en cuatro movimientos.

 

 

Fig. 3 Imágenes de microscopía electrónica de barrido (aspecto general y detalles) de pólenes de Carpinus betulus L. recuperados en la Ría de Vigo. © Figura modificada a partir de Muñoz Sobrino et al. (2017).

1er Movimiento (Andante ma non troppo)

Hace unos 45 000 años el mar estaba unos 40 m por debajo del nivel actual, de modo que apenas penetraba más allá de la línea imaginaria que conecta Toralla (Coruxo) con Punta Balea (Cangas). Amplias zonas de sus márgenes permanecían emergidas, y solo en el canal central, más profundo, se formaban sistemas fluvio-marinos someros. A través de ellos, el efecto de las mareas alcanzaba hasta zonas próximas al monte de A Guía (Fig. 2).

En este escenario, la ría albergaba una riqueza de ecosistemas que hoy en día es difícil de imaginar. El nivel bajo del mar, combinado con el aumento de la erosión, las tormentas y los vientos costeros, hizo que se acumulasen grandes volúmenes de arena frente a las llanuras litorales del Sur de Galicia y del Norte de Portugal. Así se formaron extensos ecosistemas de playa-duna, que desde el borde marino penetraban hacia el interior en forma de dunas fijas y suelos arenosos colonizados por pinares y enebrales costeros (Fig. 4).

Tras los cordones dunares emergía el antiguo valle: fangos intermareales, canales de marea y llanuras costeras, progresivamente cubiertas de meandros, marismas, humedales (efímeros o permanentes) de transición y brezales costeros. Este caleidoscopio de ecosistemas deltaicos conectaba aguas arriba con los cauces fluviales bajos, delimitados por saucedas y alisedas. Hacia los márgenes (un poco más elevados) de esos bosques aluviales ya comenzaban a aparecer los primeros carpes. Al principio situados en puntos que solo se inundaban de forma eventual, durante las grandes crecidas anuales; pero más arriba, extendiéndose también por los márgenes de las barrancas más sombrías y frescas (Fig. 5). En laderas más altas e insoladas los carpes daban paso a otros tipos de árboles caducifolios (fresnos, avellanos, robles, abedules, etc) y esclerófilos (acebos, alcornoques, madroños, encinas, etc). Además, hace unos 30 000 años también había hayedos acantonados sobre la costa acantilada de Oia (entre Baiona y A Guarda), toda una rareza, favorecidos por una afortunada combinación de condiciones locales (fuertes pendientes orientadas hacia el suroeste y frecuentemente cubiertas por brumas costeras) que les habrían permitido persistir allí (Gómez-Orellana et al. (2013).

Fig_4

Fig. 4 Litología, cronología y datos polínicos (porcentajes y concentraciones) más relevantes del testigo MRV-3 analizado en la Ría de Vigo. ©Figura modificada a partir de Muñoz Sobrino et al. (2017).

 

2er Movimiento (Largo larghissimo)

Durante el periodo más frío del UMG el nivel relativo del mar se situó en su posición más baja, a unos 120 m por debajo de su nivel medio actual. Así que, hace unos 20 000 años…podríamos haber ido a pie hasta las actuales Illas Cíes. Y desde allí todavía hubiésemos tenido que caminar un buen trecho antes de llegar hasta el mar (Fig. 2). Con un clima más frío, la altitud máxima que alcanzaban los diferentes tipos de bosques descendió respecto a la situación (movimiento) anterior, de modo que muchas de las cinturas de vegetación simplemente se fueron trasladando a lo largo del antiguo valle, en dirección al mar. El frío fue tan intenso que las hayas desaparecieron en toda la zona (incluso de Oia); y en algunos puntos de las Rías Baixas se desarrollaron abedulares costeros. Sin embargo continuaron persistiendo casi todos los demás tipos de bosque, incluidos los bosques de carpe, ahora desplazados valle abajo, hacia posiciones más próximas a la boca de la actual ría (Fig. 5).

Fig_5

Fig. 5 Litología, cronología y datos polínicos más relevantes (porcentajes y concentraciones) del testigo B5 analizado en la Ría de Vigo. ©Figura modificada a partir de Muñoz Sobrino et al. (2017).

 

3er Movimiento (Allegro con fuoco)

Al final de la última glaciación la temperatura media estival aumentó unos 6 °C en la toda la costa del sur de Galicia. La fusión de los glaciares provocó una subida rápida del nivel marino, de modo que hace unos 10 000 años el mar comenzó a inundar (y erosionar) las antiguas llanuras situadas cerca de la boca norte de la actual ría; y hace unos 9000 años alcanzó las proximidades de A Guía (Figs. 4 y 5). Este movimiento redujo drásticamente las superficies que quedaban emergidas en los márgenes de la ría, en especial los sistemas dunares colonizados por pinos y enebros, que quedaron muy mermados, así como buena parte de los humedales y brezales costeros. La combinación entre la subida del nivel del mar y un clima más oceánico también aumentó la intensidad de las avenidas y la frecuencia con la que los márgenes fluviales se desbordaban. Esto favoreció a las especies que soportan mejor las inundaciones más frecuentes y prolongadas (alisos, sauces, fresnos) frente al carpe, un árbol más propio de climas subhúmedos y templado-frescos, que únicamente tolera inundaciones eventuales y durante periodos cortos.

Los nuevos datos obtenidos en la Ría de Vigo atestiguan que el carpe sobrevivió a la última glaciación en los valles costeros del NO Ibérico; y que solo desapareció más adelante, durante los primeros milenios del Holoceno. Esto último ocurrió tanto en el entorno de nuestra ría, como en otros espacios costeros del margen atlántico ibérico y del Cantábrico Oriental.

4er Movimiento (Andante moderato)

A lo largo del resto del Holoceno el nivel relativo del mar fue ascendiendo gradualmente (incluyendo varias fases de estabilización y algún descenso menor) hasta situarse en su posición actual. Algunas de las zonas más someras de la Bahía de San Simón solo comenzaron a inundarse entre hace 3500 y 2500 años (Muñoz Sobrino et al., 2012, 2014). Los fangos intermareales, marismas y bosques aluviales se fueron retrayendo poco a poco, y finalmente quedaron restringidos a las desembocaduras de los principales cauces que drenan a la ría: las cuencas del Verdugo-Oitavén y del Alvedosa-Redondela en la zona más interna; y los ríos Lagares y Miñor en su margen sur. El clima regional, marcadamente oceánico, favoreció el desarrollo y predominio de bosques caducifolios mesotermófilos con robles, tilos, fresnos, avellanos, abedules, arces, olmos, castaños, alisos, sauces, etc. Sin embargo, las señales de la transformación humana de los bosques ya comenzaron a hacerse evidentes durante el periodo de Óptimo Climático del Holoceno (hace entre 8000-3000 años); y a partir de entonces se acentuaron, debido a cierto deterioro climático y, sobre todo, a los sucesivos cambios culturales (Edad del Bronce, Edad del Hierro, Romanización…). Muchas de las zonas anteriormente forestadas pasaron a convertirse en pastos, matorrales, brezales, zonas de cultivo, instalaciones, núcleos de población, etc. Solo se preservaron algunos bosques de ribera (alisedas, saucedas) y pequeñas superficies de otros bosques (más comúnmente caducifolios entremezclados con algunas coníferas y esclerófilos), con frecuencia acantonados en las zonas más abruptas, inaccesibles o inhóspitas.

Coda Pues sí. Los cambios climáticos también pueden tener efectos drásticos sobre nuestros ecosistemas y su biodiversidad. Y a partir de ahí,…sobre todo lo que de ellos pueda depender (Vivo acelerando. ¿Cantabile?).

Intérpretes

Esta partitura fue recuperada e interpretada por primera vez por miembros de ECIMAT [Estación de Ciencias Marinas de Toralla (Universidad de Vigo)] y del grupo de investigación XM-3 de la Universidad de Vigo (http://webs.uvigo.es/basan), en colaboración con investigadores de IBADER (Instituto de Biodiversidadade Agraria e Desenvolvemento Rural, Universidade de Santiago, Lugo), Fundación Ikerbasque, Universidad del País Vasco e Institute of Plant Sciences and Oeschger Centre for Climate Change Research, University of Bern (Switzerland).

Referencias

García-Moreiras, I. (2017). Cambios climáticos y ambientales durante la transición Pleistoceno-Holoceno. Nuevos datos palinológicos procedentes de las Rías Baixas (NO Ibérico). Tesis Doctoral. Universidad de Vigo. Vigo.

Gómez-Orellana, L., Ramil-Rego, P., Muñoz Sobrino, C. (2013). The response of vegetation at the end of the last glacial period (MIS 3 and MIS 2) in littoral areas of NW Iberia. Boreas 42: 729–744. https://doi.org/10.1111/j1502-3885201200310x

Muñoz Sobrino, C., García-Gil, S., Iglesias, J., Martínez Carreño, N., Ferreiro da Costa, J., Díaz Varela, R.A., Judd, A. (2012) Environmental change in the Ría de Vigo, NW Iberia, since the mid-Holocene: new palaeoecological and seismic evidence. Boreas 41: 578–601. https://doi.org/10.1111/j.1502-3885.2012.00255.x

Muñoz Sobrino C., García-Moreiras I, Castro Y, Martínez Carreño N., de Blas E., Fernandez Rodríguez C., Judd A., García-Gil S. (2014). Climate and anthropogenic factors influencing an estuarine ecosystem from NW Iberia: new high resolution multiproxy analyses from San Simón Bay (Ría de Vigo). Quaternary Science Reviews, 93: 11-33.  https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0277379114000997

Muñoz Sobrino, C., García-Moreiras, I., Gómez-Orellana, L., Iriarte-Chiapusso, M.J., Heiri, O., Lotter, A.F., Ramil-Rego, P. (2017). The last hornbeam forests in SW Europe: new evidence on the demise of Carpinus betulus in NW Iberia. Vegetation History and Archaeobotany, https://doi.org/10.1007/s00334-017-0654-7

Audiciones recomendadas

1º Movimiento: 3rd Mov. Piano Concerto Nº 2, Op. 83 (J. Brahms, 1881).

2º Movimiento: Pie Jesu (B-falt major). Requiem Op. 48 (G. Fauré, 1888).

3º Movimiento: The Great Gate of Kiev, Pictures of an Exhibition (M. Mussorgsky, 1874). Orchestral form (M. Ravel, 1922).

4º Movimiento: I Dovregubbens hall. Suite Nº 1, Op. 46 (E. Grieg, 1888).

 

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