LAS PLAYAS: más que un bonito destino de descanso

 

Por Begoña Araújo de Miguel

No es de extrañar, que a lo largo de la historia, el hombre se haya sentido atraído por el mar. Su extensión y sus recursos son motivos suficientes para entender dicha atracción. Además, las playas han sido imanes que han llamado la atención por su belleza dinámica. Y, sin embargo, ¿cuánto sabemos sobre las playas de arena?

El fuerte hidrodinamismo de las playas hace que los sedimentos no estén consolidados y frecuentemente sean perturbados por las olas, haciéndolos inadecuados para la fijación de macrófitas (macroalgas y pastos marinos). Esto provoca que la productividad primaria in situ sea baja, lo que determina su estructura ecológica. Precisamente este rasgo característico es el responsable de que la comunidad científica haya ido retrasando el interés por su estudio debido a la falsa creencia de que las playas fuesen desiertos de arena por la aparente ausencia de fauna. Esta situación existe a pesar de que ocupan el 70% de las costas abiertas del mundo. Pero el hombre ha creado una relación muy inestable con la costa: no ha tenido en cuenta los impactos que podrían originar todas sus actividades desarrolladas en ella, encontrándonos hoy en día con una importante problemática ambiental que afecta tanto a esas actividades como a la salud del hombre.

Más de la mitad de la población mundial vive a 60 km de la costa, y esto podría aumentar tres cuartas partes para el año 2020 (CNUMAD, 1992). Además de los impactos antropogénicos directos en las playas, se prevé que el cambio climático global agrave esta situación. En el contexto mundial, el 70% de las playas ya están retrocediendo, por lo tanto, la gestión y la conservación de los procesos ecológicos únicos de las playas se han convertido en problemas críticos y acuciantes. Muchas medidas de conservación y mitigación en costas arenosas requieren una gestión activa de las amenazas. Sin embargo, la gestión de las playas se ha centrado casi exclusivamente en mantener y restaurar las características físicas y geomorfológicas mientras que los aspectos ecológicos raramente se han considerado debido a su desconocimiento. Por ello, la planificación de la conservación en las playas se ve limitada, al carecer de dimensiones ecológicas. Esta situación es la que impulsó a realizar un exhaustivo estudio de cinco años de duración mediante la tesis doctoral que he llevado a cabo en la Universidad de Vigo bajo la dirección de los Doctores Mariano Lastra Valdor y Jesús López Pérez. El objetivo principal ha sido  comprender los aspectos funcionales de las playas en un proceso tan relevante como es la descomposición de la materia orgánica.

La cadena trófica de las playas se basa en subsidios alóctonos, sobre todo, en forma, de varamientos de macroalgas (Figura 1). Existe una variación estacional en la actividad metabólica de las playas asociada a los factores ambientales y a la biomasa de estos aportes. Esto influye en los procesos metabólicos del ecosistema (ciclo del C, dinámica de nutrientes, flujos de CO2, etc.) y en la actividad biológica (micro, meio y macrofauna) produciéndose un efecto cascada sobre los niveles superiores de la cadena trófica. Durante la degradación, los parches de algas liberan dióxido de carbono, nutrientes (amonio) y carbono biopolimérico (suma de lípidos, proteínas y carbohidratos). El amonio es transformado en nitrato (nutriente limitante de los autótrofos) a través del proceso de nitrificación llevado a cabo por las bacterias. El carbono biopolimérico representa una estimación de la fracción lábil del total de la materia orgánica y es biodisponible. Estos tres productos son buenos indicadores del metabolismo básico de la cadena trófica.

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Figura 1. Fotografía de los arribazones de macroalgas sobre el intermareal de las playas arenosas. © F. Barreiro.

El procedimiento de muestro fue sencillo; en cada punto de muestreo, se tomaron medidas in situ del flujo de CO2 con un medidor de flujo. Las algas se metieron en bolsas de plástico. A continuación, se llenaron dos botes de sedimento para determinar el porcentaje de humedad del suelo  y la concentración total de nutrientes. Y la macrofauna se obtuvo tamizando sedimento con una malla (Figura 2). Una vez en el laboratorio, todas las muestras se congelaron y almacenaron a -20ºC hasta su posterior análisis. Aunque el procedimiento de toma de muestras no mostrase dificultad, muchas veces las inclemencias del tiempo dificultaron el procedimiento. Los muestreos se llevaron a cabo mensualmente durante un año coincidiendo con la bajamar de mareas vivas en cuatro playas de las Rías Baixas. Debido a los fuertes temporales que azotan la costa gallega en invierno, en algunos meses el día de muestreo tuvo que ser pospuesto.

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Figura 2. Punto de muestreo con parche de algas y el medidor del flujo de CO2. © F. Barreiro

Los muestreos duraban dos días. Cada jornada se muestreaban dos playas por la mañana con una duración total aproximada de 4 horas. El mayor inconveniente de este estudio fue, sin lugar a dudas, los kilos de arena que se cargaron caminando por la arena acompañados de vientos gélidos o bien con la calma más ardiente de estos “desiertos”. El procesado y análisis de las muestras consistió en una amplia gama de protocolos de los que pude disfrutar durante dos años. En cualquier caso, ha sido una satisfacción el poder dar respuesta a tantas preguntas que “flotaban” entorno a estos ecosistemas.

Se observó que la temperatura es el factor más influyente en la velocidad de degradación del material varado. Así pues, a pesar de que en invierno, debido a los temporales, se registraron mayores cantidades de arribazones sobre el intermareal, no fue hasta el verano cuando las cantidades de CO2, nutrientes y carbono biopolimérico fueron las más elevadas de todo el estudio. Además, al final del verano se sumó el efecto de la senescencia de las macroalgas. En los meses estivales, por lo tanto, tienen lugar en los parches de algas las tasas metabólicas más elevadas. Esto indica que los arribazones tienen un papel relevante en el flujo de nutrientes y carbono entre las playas y el ecosistema costero. Los gradientes ambientales de la playa tales como la temperatura, la humedad del sedimento o la distancia a la orilla (estado de descomposición del alga)  determinan la velocidad de colonización de los detritívoros.  Así pues, de los tres niveles de marea que se establecieron (nivel inferior o resurgencia del agua de mar, nivel intermedio o línea del último varamiento de algas en pleamar y nivel superior o línea hasta donde llega la pleamar en mareas vivas), el intermedio fue el que registró mayores tasas de mineralización. Este nivel se caracteriza por acumular las mayores biomasas de macroalgas. La humedad del sedimento es la adecuada ya que no se ve inhibida la actividad microbiana como ocurre en el nivel inferior debido a la saturación de agua o en el superior por su escasez. La abundancia y distribución de la macrofauna estuvo asociada a la biomasa algal. Su actividad favorece la degradación de las algas gracias al herbivorismo. Los fragmentos resultantes son más fácilmente atacados por los organismos de menor tamaño resultando en flujos de CO2 y nutrientes significativamente más elevados que en su ausencia.

Otro factor que se estudió fue el efecto de la “edad” del alga varada (Figura 3). Las algas más secas (las que llevaban más tiempo varadas) liberaron menores cantidades de CO2 y nutrientes que las varadas con posterioridad. El sedimento subyacente de las secas, mostró mayores concentraciones de lípidos, proteínas y carbohidratos que el de las más frescas. Estas diferencias en la composición bioquímica son el resultado del proceso de “envejecimiento”. La capacidad de reacción del material varado más antiguo se redujo y, por lo tanto, la tasa de mineralización fue inferior que las varadas posteriormente.

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Figura 3. Líneas de varamiento de macroalgas con cada pleamar, desde la más antigua a la más reciente. © F. Barreiro.

 

Aunque las tasas de descomposición dependen de la labilidad (antigüedad) de la materia orgánica, los resultados obtenidos sugieren que el calentamiento global dará lugar a un aumento considerable de las tasas de mineralización de la materia orgánica y de las emisiones de CO2 en las playas arenosas.

Con los conocimientos adquiridos en esta tesis, se pueden, por lo tanto, establecer balances globales y proponer modelos de funcionamiento a escala espacial y temporal de los ecosistemas litorales de Galicia. Este estudio permitirá a los técnicos de los órganos competentes, elaborar estrategias de gestión y conservación adecuadas en zonas de interés económico y/o ecológico.

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